Las crujientes papas de Eduardo

*Eduardo Mora desde hace 15 años sacia  el antojo de los oficinistas, estudiantes y la botana de los amigos
Carolina Miranda
Puebla, Pue.- Dorar las papas tiene su truco, de dos a tres minutos son suficientes para que sean perfectas.
Eduardo sabe que si se tornan cafés se “quemaron” y debe apartarlas; quiere brindarle a sus clientes hojuelas amarillas, crujientes y deliciosas.
Tiene la medida de sal en la mano y a “ojo de buen cubero” las fríe y adereza, el toque final es la salsa, sobre todo la casera, de la que guarda celosamente el secreto.
El antojo de la salida de la escuela, el “break” de los oficinistas y la botana de los amigos y los fines de semana, eso significan las clásicas papas fritas en bolsa que Eduardo Mora prepara desde hace 15 años en pleno centro de la Ciudad de Puebla.
Originario del municipio de Teziutlán en Puebla aprendió a cortar, dorar y vender las papas desde que tenía 14 años, cuando su cuñado lo invitó a trabajar. A su corta edad le hizo frente al cazo con aceite hirviendo y al rebanador de madera.
La primera vez no fue fácil, sus manos adolescentes sufrieron los estragos de la cuchilla del rebanador de papas, pero la práctica hizo al maestro y le tomó cariño y habilidad al oficio, por lo que hizo de este arte su vida.
A los tres años de aprender a vivir del fruto de la tierra, la salsa y los limones, decidió independizarse e instaló su negocio en Juan de Palafox y Mendoza número 608, lugar en el que lleva doce años, cerca del bulevar 5 de Mayo.
Armado con un mandil azul y mucho esfuerzo, abrió su local hace doce años. Recuerda que en esa calle sólo se encontraba la taquería “Los Ángeles” y su negocio. Con el paso del tiempo ha visto la apertura y el cierre de otros establecimientos, así como el ir y venir de los poblanos.
Tal es la pasión por su trabajo que hasta olvida descansar, abrir todos los días se ha vuelto costumbre y de vez en cuando se atreve a tomarse el día libre, a veces cada quincena.
Las papitas de Eduardo Mora sortean a la enfermedad, a la crisis económica y la falta de clientela, que desde que se instaló el metrobús disminuyó considerablemente. Sus compradores asiduos dejaron de ir debido al cambio o desaparición de sus rutas. Su negocio antes era ese espacio para que los usuarios del transporte público esperaran su autobús, ahora solo ve como corren para llegar a la próxima estación del metrobús.
Eduardo ha hecho grandes amigos, desde clientes hasta otros dueños de negocios cercanos, “todos se conocen”. Sin embargo, quiso expandir sus horizontes y ya cuenta con una sucursal en la 5 norte número 603, un nuevo hogar para la creación de papas, el cual es atendido por su esposa, con la calidad y la atención para ser un referente y crear nuevos clientes.
Las calles están vacías y ahí resiste Eduardo Mora, en medio de una pandemia, con sólo 20 kilos de papa cuando antes preparaba el doble, con el cazo listo para cuando más gente llene la Juan de Palafox y vuelvan a acercarse a su negocio en busca de una bolsita de papas.
Atiende a los automovilistas, a los valientes trabajadores que no pueden hacer home office, a las mamás que tienen a los pequeños tomando clases en casa y se merecen un premio por sacar diez en matemáticas y de paso se llevan su bolsita individual, ya sea de chipotle o queso; a los amigos que se “disparan” un antojito o se llevan dos bolsas grandes cada fin de semana para disfrutar con la carne asada, los partidos de fútbol y las cervezas.
Fotos: Carolina Miranda
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