Chignahuapan un lugar de tradiciones

*El microcosmos de su Centro Histórico, siempre con bullicio y ajetreo, solo es la punta del iceberg de un mundo de la esfera, el barro, tejidos y la madera artesanal

Jaime Carrera

Chignahuapan, Pue.- Hacia donde se mire, Chignahuapan es cautivador. Cada calle, mural, tejado, taco de barbacoa, pan de queso o danza en honor a su santo patrono, Santiago Apóstol, representa un microsmos único e irrepetible en la Sierra Norte de Puebla.

El lugar es famoso, no sólo por su vocación artesana que va desde la esfera hasta el barro, los tejidos y la madera, sino porque al recorrer este Pueblo Mágico, se producen pausas inesperadas, de esas que van acompañadas de asombro y sorpresa a cada paso.

En el “lugar sobre las nueve aguas” las tradiciones juegan un papel importante con aquellas familias construyendo legados gastronómicos, comerciales o artesanales. A donde se voltee hay algo que presumir: una iglesia estilo barroco indígena o un ajolote.

En su mercado, la gente va y viene entre los pasillos, pero de pronto, unas ágiles manos maniobrando con barbacoa atraen la atención de locales y turistas, en medio de hilos de vapor con olor a chivo puesta sobre tortillas recién hechas a mano.

En su zócalo, una imponente estructura de estilo neomudéjar de madera con un pintado que asemeja azulejos con colores rojos, azules, naranjas y amarillos, cubre una fuente que abastecía de agua a los chignahuapenses hace más de 150 años.

El microcosmos de su Centro Histórico, siempre con bullicio y ajetreo, está acompañado de bustos y esculturas como la de Gaspar Henaine, mejor conocido como “Capulina”, quien recuerda al comediante que nació en este pintoresco pueblo.

En los alrededores de la Plaza de Armas y prácticamente en cualquier calle hay un puesto de comida: tlacoyos, entre los alimentos más demandados, pero también el mole poblano y los dulces, conservas, jaleas de frutas y licores e infusiones de frutas.

También está el corredor principal de venta de esferas sobre la calle Romero Vargas, desde la Calzada de las Almas (recorrida por los chignahuapenses con antorchas para iluminar el camino de los muertos al Mictlán) hasta la Primera Calle de Miguel Negrete.

Aguas termales, cascadas, su laguna central, el Valle de las Catrinas que se mantiene todo el año con 120 metros de paredes con murales realizados por niños y jóvenes asesorados por el artista Héctor Castilla, son parte de otros atractivos cautivadores.

Y qué decir de la Basílica de la Inmaculada Concepción que resguarda la escultura de la Virgen más grande de América Latina bajo techo y que año con año, se mantiene como uno de los principales destinos a visitar, entre neblina y un clima frío.

Una gran aventura aguarda a los que se animan a visitar este municipio, una de las entradas a la Sierra Norte de Puebla, que en su conjunto también enmarca microcosmos de magia, color y tradiciones arraigadas en cada familia, calle, negocio o iglesia.

 

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