El sonido de la montaña de Yasunari Kawabata

*Ya verá el lector cómo la pérdida de la memoria en El sonido de la montaña se convierte en el sonido de la existencia.

Rodolfo Mendoza

El sonido de la montaña es uno de los títulos más poéticos y más representativos en la obra de Yasunari Kawabata. Para fortuna de los lectores de este Premio Nobel 1968, buena parte de su obra la podemos ver editada en español. Aunque lograr en nuestro idioma una edición íntegra de sus obras completas es labor que ninguna editorial (desde los años sesenta en que se empezó a traducir) ha emprendido, pues el autor de Mil grullas escribió más de quince mil páginas sólo contando sus novelas y cuentos; y dejando de lado toda la correspondencia, apuntes, memorias y demás que dejara a sus setenta y dos años cuando decidió levantar la mano sobre sí mismo.

Parte de la vida de este escritor, sobre todo aquella relacionada a su labor literaria, a sus lecturas y proyectos artísticos, la podemos leer en la Correspondencia (editada por Emecé) que mantuvo durante casi toda la vida con su discípulo y amigo —otro gigante de las letras japonesas— Yukio Mishima; hasta que este, también, decidiera ponerle fin a su existencia a través de una antigua ceremonia samurai.

Para aquellos a los que la obra de Kawabata sea una referencia próxima, sabrán que sus temas más profundos —la muerte, la nostalgia, la orfandad, el dolor y la belleza— son el verdadero sentido de su estética. Las historias, a pesar de ser hermosísimas, entrañables y desgarradoras, pasan a un segundo plano, pues lo que verdaderamente le importa a Kawabata es reflexionar sobre esos temas que son tan caros a su obra.

Esta edición de El sonido de la montaña contiene un prólogo de Sara Cohen en el que el lector interesado sobre la vida de Kawabata descifrará algunas de las claves de su novela. Se enterará, quien lea este volumen, que el autor fue huérfano de madre a los dos años, de padre a los tres, que su hermana (de quien se le separó desde la infancia) murió cuando él tenía nueve años, que pasó su infancia al lado de su abuelo y que este murió cuando el adolescente tenía apenas 14 años.

La muerte fue un elemento en la vida de Kawabata al que tuvo que enfrentarse y acostumbrarse desde muy corta edad. Tal vez por eso sea un tema al que siempre regresa y al que sus lectores estamos tan acostumbrados. Sin embargo, es un argumento que nunca es el mismo; a través de Lo bello y lo triste, País de nieve, El maestro de Go o Historias en la palma de la mano (por citar sólo mis preferidas), a través de ellas, decíamos, la muerte, como el resto de los temas, son mostrados siempre con delicadas variantes en las que se abordan una y otra vez la verdadera y extraña vida del hombre.

La literatura, lo sabemos, es el mundo de las coincidencias inexplicables. El lector se acerca a un libro sin saber qué tanto va a ser transformado por él. Pues bien, este libro no deja incólume al lector. Como se sabe, Kawabata nació el mismo año en que nació Jorge Luis Borges; y este libro tiene un tema que Kawabata no había tocado en el resto de sus obras (no al menos con tanta importancia): la memoria, tema entrañable al argentino. Ya verá el lector cómo la pérdida de la memoria en El sonido de la montaña se convierte en el sonido de la existencia.

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