*Al estallar la Segunda Guerra Mundial Witold Gombrowicz se encontraba en Argentina, país en el que tuvo que permanecer y del que adoptó la nacionalidad.
Rodolfo Mendoza
Un 24 de julio, pero de 1969, murió en Vence, Francia, Witold Gombrowicz. Nacido en 1904 en Cracovia, Gombrowicz es una de las máximas figuras de la literatura no sólo polaca, sino mundial, del siglo XX. Junto a Iwaskiewicz y Schulz (los “Tres mosqueteros”), fue un exiliado toda su vida y su obra literaria comprende novelas y cuentos, como los reunidos en Bakakaï, su libro de cuentos más famoso. La primera edición de este libro fue realizada en 1933, cuando Gombrowicz contaba apenas con 29 años. Aquella inicial edición contenía apenas los siete primeros cuentos que el escritor decidió publicar; es decir, los escritos entre 1926 y 1932.
Sin embargo, a pesar de que sus libros de cuentos (junto al mencionado) y sus célebres novelas (Transatlático, Cosmos, Pornografía), es su Diario la obra que lo ha llevado a la cumbre de las letras mundiales.
Con las políticas editoriales de la España franquista, hubo un primer intento por publicar este volumen, pero dada la naturaleza exótica y acaso impúdica de las entradas, apenas se pudo publicar un primer volumen con la inclusión de algunos pocos años de la vida de este autor en el exilio.
Aquel esfuerzo se lo debemos a Sergio Pitol, traductor infatigable, y que en aquel momento traducía y trabajaba para la editorial Tusquets; y que había realizado la edición definitiva de Bakakaï.
Si tomamos en cuenta que Gombrowicz es más conocido por sus novelas (Ferdydurke, Transatlántico y Cosmos), deberíamos también alcanzar a ver que el Diario es la génesis de los temas y los tratamientos posteriores en la obra de este escritor.
Por otro lado, la vida de este autor estuvo siempre rodeada de infortunios. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Witold Gombrowicz se encontraba en Argentina, país en el que tuvo que permanecer y del que adoptó la nacionalidad; hasta que en 1964 se trasladó a Vence, Francia, a donde vivió hasta su muerte en 1969.
A pesar de que Witold Gombrowicz vivió poco más de dos décadas en Argentina, pasó desapercibido para el grueso de los lectores, incluido el omnívoro Borges: “A ese hombre, Gombrowicz, lo vi una vez. Me pareció una especie de histrión. Él vivía muy modestamente y tenía que compartir la pieza –una azotea– con otras tres personas, y entre ellos tenían que repartirse la limpieza del cubículo. Él les hizo creer que era conde y utilizó el siguiente argumento: ‘Los condes somos muy sucios’. Con esa argucia consiguió que los demás limpiaran por él.”
Gombrowicz debe ser leído en la totalidad de su obra; es de esos autores que crean cierta adicción y que obligan al lector a ir tras ellos, a buscarlos en sus libros y en su vida.
