*Para muchos el Boom Latinoamericano ya pasó a mejor vida, y en la memoria quedan las lecturas obligadas de García Márquez, Carpentier, Cortázar, Vargas Llosa y, por supuesto, el inigualable Juan Carlos Onetti.
Rodolfo Mendoza
Es poco frecuente que un gran escritor dedique un libro entero a otro gran escritor. Borges dedicó un sinnúmero de páginas a sus autores favoritos (y no pocas a los que le resultaban deleznables); Nabokov hizo una serie de libros en los que casi dictaba curso sobre los autores que le parecían importantes (y cosa rara: Cervantes le parecía poco sugerente); Alfonso Reyes, dentro de sus casi treinta tomos de obras completas, se tomó el canon literario muy en serio y vemos referencias a autores que van desde los clásicos griegos y latinos hasta lo más novedoso, entonces, de la literatura universal: Gide, Valery, Torri.
No es infrecuente, claro, que un autor hable de sus afinidades electivas, para recordar a Goethe, sino lo raro es que sea todo un libro. El lector recordará aquél libro de Paul Theroux contra el premio Nobel Naipaul: La sombra de Naipaul, volumen que casi inaugura un género, pues aunque también han existido diatribas de escritores contra escritores, nunca se había dado que un estupendo narrador como lo es Theroux se tomara la molestia de escribir más de cuatrocientas páginas para desenmascarar, zaherir y ridiculizar no la obra, sino la persona de quien, ya lo han dicho por letra más de tres, fue uno de los escritores más odiados y odiosos del orbe, a la par que un autor excepcional.
Pero volvamos a El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti de Mario Vargas Llosa. Para muchos el Boom Latinoamericano ya pasó a mejor vida, y en la memoria quedan las lecturas obligadas de Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, el mismo Vargas Llosa y, por supuesto, el inigualable Juan Carlos Onetti. Las nuevas generaciones de narradores latinoamericanos se han dado a la tarea de desmitificar a esas figuras entronadas y poner algunos puntos sobre las íes: tenemos ejemplos: Mc Ondo, el AntiBorges de Martín Lafforgue y textos a todo lo largo del continente.
Sin embargo, hay que decir que la influencia de los escritores antes mencionados ha sido mucha y profunda. Tal vez de todos ellos el que ha ido tomando mayor presencia y acomodo de acuerdo a la estética contemporánea es Juan Carlos Onetti, dueño de una prosa hipnotizante, faulkneriana. A Onetti se le deben obras capitales como El pozo, Tierra de nadie, La vida breve, El juntacadáveres y decenas de cuentos que no tienen parangón en nuestra lengua. Para los interesados: la mejor edición son las Obras completas en Galaxia Gutenberg, y si se emparenta esa lectura con El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti de Mario Vargas Llosa, el combo es insuperable.
