Tlaxcalancingo  y su espiritualidad

*La Parroquia de Tlaxcalancingo, inmueble que data del Siglo XIX con antropomorfas de niños en su exterior, resguarda una majestuosa devoción de San Andrés Cholula

Jaime López

San Andrés Cholula, Pue.- Las palomas que vuelan sobre su fachada la usan como pista de aterrizaje durante sus descansos temporales. A varias les apetece estacionarse cerca de la figura de San José, que luce glorioso con su vara cargando al niño Jesús.

Es uno de los detalles que más resaltan en la entrada de la parroquia de San Bernardino Tlaxcalancingo, junta auxiliar de San Andrés Cholula, receptora de una histórica e intensa devoción.

Cuando el cielo está despejado y el amanecer se asoma tímidamente, el sol emerge tras el atrio, como si se tratara de un poder celestial despertando de su letargo.

Según habitantes de la zona, el inmueble data del Siglo XIX y luce majestuoso en el mes de julio con motivo de la bajada de la Virgen de los Remedios, pues fiscales y mayordomos se encargan de darle una manita de gato para recibirla con manteles largos.

Dos entradas, aunque la más conocida por la mayoría se localiza cerca de la carretera federal a Atlixco, donde varios taxistas hacen sitio para brindar su servicio a los vecinos de Tlaxcalancingo.

Vendedores de tamales y flores también se instalan para comercializar sus productos. Algunos transeúntes parecen ir presurosos, aunque desvían fugazmente la mirada para admirar la parroquia.

Seas o no creyente, el templo de San Bernardino sorprende a la retina gracias a su erguida estructura. Sus jardineras pulcras también son dignas de admiración, porque son muestra de la atención meticulosa que le brindan sus guardianes.

Al rodear la entrada principal, en la calle que dirige a las oficinas de la presidencia auxiliar, el ambiente parece extraído de un pasaje de los cuentos escritos por Juan Rulfo, porque se exalta el espíritu comunitario.

Un letrero instruye a no transitar con motocicletas sobre el adoquín; favorece que no haya ruidos en las ceremonias que se celebran periódicamente, pero también a que lugareños puedan echar el chisme a gusto, sin ruidos que los interrumpan.

Antes de llegar al cuarto en el que se reúnen los mayordomos, los ojos se extravían en unas representaciones antropomorfas de niños colocadas en el exterior.

La pintura que baña la parroquia luce sumamente cuidada, al igual que cada pieza o mueble dentro del recinto. Con un letrero que contiene la expresión: “Para hablar con Dios no necesitas teléfono. Apágalo por favor”, es como finaliza este tour que mezcla espiritualidad y cotidianidad.

 

 

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