La plazuela arbórea de Atlixco

*Cuatro frondosos árboles ofrecen un oasis entre las callejuelas del Pueblo Mágico y rinden tributo a Fray Toribio de Benavente o Motolinea; aquí cientos se toman un respiro y observan las maravillas de la ciudad y del valle

Guadalupe Juárez

Atlixco, Pue.- Es un lugar pequeño, pero destaca por el conjunto de árboles al centro de la plazuela. Uno al lado de otro brindan un poco de sombra donde por lo regular el sol no da tregua y cae a plomo.

El manto de los cuatro árboles al pie del cerro de San Miguel son una palmadita en la espalda y un sorbo de aire fresco para continuar la subida al histórico lugar del Pueblo Mágico de Atlixco.

En una ciudad donde hay que subir escaleras o bajarlas para recorrerla,  pocos espacios en los que puedes sentarte y tomar un respiro antes de seguir conociéndola, uno de ellos es la plazuela de Fray Toribio de Benavente o Motolinea.

En los cuatro puntos donde voltees, hay una vista magnífica: atrás murales con la historia del municipio y su gente, enfrente con suerte y sí está despejado el resto de Atlixco desde las alturas e incluso los volcanes, y a un costado el majestuoso templo de San Francisco.

En la plazuela, en la que turistas como oriundos se sientan para disfrutar un remanso de tranquilidad para seguir subiendo el cerro, hay una placa de talavera con un mensaje:  “Es tan buena esta tierra que digo del Val de Cristo, que dudo haya otra mejor ni tan buena en toda la Nueva España, porque tiene buenos maestros que saben conocer la buena tierra en la que hay buenas huertas. Es tan buena tierra como la que sembró Isaac en palestina, que recogió ciento por uno”.

Es un fragmento de los memoriales de Motolinea, una placa de talavera con el mensaje que tiene a Fray Toribio con una túnica como la que usaba en su labor al evangelizar y al fundar templos en esta región.

Detrás de su figura con pelo canoso, piel blanca y un rostro impávido, se encuentra el cerro de San Miguel, Atlixco y el volcán Popocatépetl con una enorme fumarola.

Fray Toribio no participó en la fundación de iglesias o templos de Atlixco, pero sí estuvo en diversas en el Templo de San Francisco, además de ser considerado el guardián del municipio como lo fue de otros lugares, donde evangelizaba y enseñaba oficios a la población indígena.

Fue conocido por su participación en la fundación de la capital poblana, por sus viajes en Nicaragua y Guatemala.

Fray Toribio de Benavente destacó por defender a los indígenas, acción que le trajo problemas con las autoridades al grado de que tuvo que cambiar su nombre para ocultarse, ya que exigía que no pagaran diezmo a la Corona. Así, oculto, vivió sus últimos años en Cañada Morelos, Puebla, lugar en donde fue sepultado.

 

 

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