Festival de la Cemita, la Puebla más auténtica

*En el encuentro gastronómico de la ciudad de Puebla la música en vivo y familias enteras pasean entre puestos con los platillos que se llevan en el estómago y corazón; la estrella es la cemita de chalupas con chapulines

Jaime Carrera

Puebla, Pue.- El Parque del Carmen huele a antojo. En cuanto uno cruza entre los puestos, el aire se espesa con aromas de aceite caliente, carne dorada, pan crujiente, salsas que pican sabroso.

Es el Festival de la Cemita, donde cada año los poblanos vienen a hacer lo que más les gusta: comer como poblanos. Y entre tanta garnacha, una cemita de chalupas con chapulines hace detener a los más curiosos.

Detrás de esta delicia inusual, pero profundamente local está Aurora de la Torre, de Cemitas Las Auroras. Desde hace cinco años esta receta aparece únicamente aquí, en este festival que la adoptó como parte de su familia culinaria. “Nosotros vamos a todas las ferias patronales”, dice Aurora, “pero esta cemita solo la presentamos aquí”.

La idea es simple y brillante a la vez. Unir a dos clásicos poblanos como lo son la cemita y las chalupas, dándoles un toque que crujiera con identidad: los chapulines. “Queríamos que fuera algo muy nuestro, que no tuviera nada que no fuera de Puebla”, dice. Y lo lograron. Porque el pan es el auténtico de cemita, las chalupas se preparan al momento con salsa roja y verde, y los chapulines, doraditos y sabrosos, coronan el platillo con su sabor terroso y ancestral.

En este negocio está la familia completa: la mamá de Aurora, sus hijos, y ya la tercera generación arma cemitas con la velocidad de quien lo ha hecho toda la vida. “Desde mi mamá aprendí a cocinar —cuenta—. Cocinamos como se hace en Puebla: con cariño y con memoria”.

La gente llega, prueba y regresa. Hay quienes no se atreven de inmediato al chapulín, pero después del primer bocado la duda desaparece. Es un sabor con historia, con raíz. Como dice Aurora: “Gracias a Dios ha funcionado año con año. La gente ya viene a buscarnos”.

Este rincón no es solo un puesto de comida, es una reunión de saberes, una herencia servida en cada plato. En el festival hay música en vivo, familias enteras paseando entre puestos, niños corriendo y hasta una que otra pareja bailando, pero también hay una especie de rito secreto que sucede cada vez que alguien muerde esa cemita.

Hasta el 5 de mayo, Las Auroras estarán en el Parque del Carmen, desde las 8 de la mañana hasta pasada la medianoche. Y mientras haya festival, habrá quien venga a saborear la Puebla más auténtica: esa que se lleva en el estómago y también en el corazón.

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