Imposturas intelectuales de Sokal y Bricmont

*Jacques Lacan, Julia Kristeva, Luce Irigaray, Bruno Latour, Jean Braudillard, Gilles Deleuze, Felix Guattari y Paul Virilio son algunos de los intelectuales a los que Alan Sokal y Jean Bricmont les pasan la navaja

Rodolfo Mendoza

Alan Sokal y Jean Bricmont —ambos físicos, el primero catedrático de la Universidad de Nueva York y el segundo de la Universidad de Lovaina— pusieron, hace años, el dedo en la llaga del pensamiento occidental con su libro Imposturas intelectuales. Desde la antigüedad se ha hablado de la relación entre las ciencias y las humanidades. Muchos pensadores han incluido tanto alguna teoría de las ciencias duras o alguna jerga de ellas para explicar tal o cual teoría humanista: ya filosófica, ya literaria o, incluso, histórica.

Alan Sokal y Jean Bricmont de ninguna manera están en desacuerdo con ese maridaje que desde hace milenios se viene dando, y así lo explican en la amplia introducción a su libro. Al contrario, siendo ellos físicos —o científicos, para mayor referencia— están de acuerdo que la relación entre las ciencias se debe llevar a cabo siempre y cuando esté validada por argumentos legítimos. En lo que ya no están de acuerdo este par de científicos es en que un gran grupo de intelectuales, filósofos, psicoanalistas, lingüistas y pensadores en general, echen mano de la terminología y de la teoría científica para explicar sus propias teorías. Y no porque sea un robo, sino porque lo único que hacen al transpolar es crear una “impostura intelectual”.

Jacques Lacan, Julia Kristeva, Luce Irigaray, Bruno Latour, Jean Braudillard, Gilles Deleuze, Felix Guattari y Paul Virilio son algunos de los intelectuales a los que Alan Sokal y Jean Bricmont les pasan la navaja. Cuando en 1998 se publicó en inglés este libro, lo menos que se dijo fue que era “Una masacre” contra los intelectuales de los tamaños de los arriba mencionados. Nadie se había atrevido a tocar a Lacan, Kristeva o Deleuze. Todo mundo, aun cuando no entendiera nada de lo que exponían tan renombrados intelectuales, se había atrevido a decir que lo dicho por ellos era un juego de palabras y una tomadura de pelos. Y ya no digamos lo sucedido al aparecer la posmodernidad. Nadie en su sano juicio se atreve a decir que no entiende a Lyotard, por no pasar por cateto.

Alan Sokal y Jean Bricmont redimen al lector común y a buena parte del mundo científico e intelectual. El libro está dividido por capítulos que corresponden, cada uno de ellos, a los intelectuales nombrados arriba. En cada capítulo se desvela con ejemplos la impostura de los pensadores de nuestro tiempo.

Una de las virtudes de este libro es que está destinado a dos tipos de lectores: el primero a todo aquel interesado en saber qué quiso decir Lacan o Deleuze con tal o cual idea, para llegar a la conclusión de que no decían nada, más que un galimatías; el segundo, para aquellos lectores con una formación científica y netamente académica, que les permite comprobar por medio de las matemáticas y la física que, cierto, los “intelectuales”, no decían otra cosa más que jerigonzas.

Es necesario hacer una lectura atenta de Imposturas intelectuales de Sokal y Bricmont para darse cuenta de que los mayores engaños no vienen sólo de la televisión y la mercadotecnia, sino que salen de lo que muchos suponen “las mentes más claras de nuestra época”.

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