*El lector está, en este libro, frente a un autor tan incómodo como necesario. Bernhard es esa parte de uno mismo a la que poco toleramos y con la que bastante poco queremos conversar.
Rodolfo Mendoza
Si a un lector común le preguntáramos cuáles son sus tres escritores austriacos favoritos, seguramente estaría en aprietos. Pero si le decimos que escoja de entre los siguientes nombres, la cosa cambia: Arthur Schnitzler, Gustav Meyrink, Hugo Von Hofmannsthal, Karl Kraus, Robert Musil, Stefan Zweig, Hermann Broch, George Trakl, Franz Werfel, Joseph Roth, Alexander Lernet-Holenia, Ingeborg Bachmann, Peter Handke, Elfriede Jelinek o Thomas Bernhard. Ubicar a todos los anteriores en el territorio austriaco, por alguna razón, es difícil, a muchos de ellos los emparentamos únicamente con la lengua alemana.
Aunque no todos nacidos en Austria, ahí fue donde desarrollaron plenamente su vida y su obra. Todos ellos, qué duda cabe, son imprescindibles dentro de las letras universales. Y muchos de ellos, extraña coincidencia, son los renovadores de su lengua. Si pensamos en cada uno de los mencionados arriba tenemos ahí un puñado de escritores célebres, aunque no siempre bienquistos, a los que el siglo XX debe mucho.
Los austriacos, por veladas razones, escriben sobre lo más profundo y lo más oscuro del alma humana. Pensemos en Jelinek, por ejemplo, quien nos ha dado algunas de las novelas más descarnadas sobre el ser femenino, sobre las pasiones, el placer y el dolor en novelas como: Las amantes, La profesora de piano o Deseo. Pero pensemos, por otro lado, en la vida de Joseph Roth, quien vivió las mayores miserias y logró captar, tanto de occidente como del comunismo, lo peor del alma humana.
Y sin embargo, uno de los escritores más reaccionarios y el que menos da tregua al lector es Thomas Bernhard, autor de casi una veintena de novelas y otro tanto de obras de teatro, y que tampoco desdeñó la poesía.
Las novelas más famosas de Bernhard son Corrección, El malogrado y Trastorno, además de su pentalogía autobiográfica: El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño.
Todas sus obras han sido traducidas a nuestro idioma y se pueden encontrar tanto en editorial Anagrama, como Alianza o Alfaguara. Sólo un libro esencial en su bibliografía está editado por Tusquets, y es el que les presentamos aquí: Thomas Bernhard, un encuentro con Krista Fleishmann.
Libro esencial, decíamos, porque recoge en tres entrevistas realizadas para la televisión y pasadas a este libro, las opiniones del escritor sobre muchos asuntos: su infancia, la ausencia del padre, la nación, las mujeres, su enfermedad, sus colegas, etcétera. El lector está, en este libro, frente a un autor tan incómodo como necesario. Bernhard es esa parte de uno mismo a la que poco toleramos y con la que bastante poco queremos conversar.
