*Más de un siglo de historia cuelga de las paredes de la mítica cantina del Pueblo Mágico; aquí se conserva -entre máscaras, fotografías y viejos carteles- la memoria viva de la Sierra Norte de Puebla
Gloria González
Cuetzalan, Pue.- Máscaras de danzantes, diablos, animales y personajes anónimos observan desde las alturas como si custodiaran la memoria del pueblo, mientras que debajo están los refrigeradores de cervezas, botellas de licor alineadas y jóvenes conversando con sus teléfonos celulares en mano. Una imagen que muestra el pasado y el presente en una misma mesa.
Entre las paredes también cuelgan carteles antiguos, que cuentan el paso de los años mejor que cualquier archivo histórico de un museo. Carteles amarillentos de festivales, ferias y celebraciones sobreviven al humo, la humedad y al tiempo.
Y es que la decoración parece construida a lo largo de décadas, no diseñada por un decorador especialista. Cada máscara, cartel y fotografía parece haber llegado para contar una historia distinta.
Aquí, en El Calate, se conservan los rostros, sabores y conversaciones de la Sierra Norte de Puebla y de uno de sus Pueblos Mágicos de mayor carácter: Cuetzalan.
Frente al zócalo, donde la neblina suele bajar antes que la noche, existe la cantina que ha visto pasar generaciones enteras: mientras el Pueblo Mágico cambiaba de ritmo entre cafetales, turistas y danzantes, El Calate permaneció en el mismo sitio, observando la vida serrana desde una barra donde aún se cuentan historias que difícilmente aparecen en los libros.
Calles empedradas con estilo colonial que bajan cual cascadas conducen a esta cantina con más de 100 años de antigüedad.
Un punto de encuentro entre comerciantes de la Sierra Norte de Puebla, caficultores, turistas, guías y habitantes de comunidades cercanas que bajan al centro para realizar sus diligencias y que se pierden un rato entre sus licores, toritos, cervezas y la gran variedad de bebidas tradicionales que ofrece.
Los lugareños hablarán de este lugar como la cantina tradicional a la cual deberás hacer una parada casi por obligación, sobre todo si quieres curiosear en la historia de esta comunidad que mantiene vivos sus negocios con más tradición.
“El Calate” ha visto pasar la historia de este pueblo y guarda cada uno de sus logros en un recuerdo que cuelga entre sus paredes: al pasar las puertas adornadas con esa ranita verde que es el sello principal del negocio, sobre las vigas cuelgan rostros inmóviles que vigilan a los clientes perdidos en la embriaguez.
Las máscaras observan desde las vigas, los carteles recuerdan festivales que ya pasaron y en la barra siguen sirviéndose licores de café, frutas y toritos.
El Calate no es solo una cantina, es un pequeño archivo de la vida cotidiana de un Pueblo Mágico donde cada botella y cada fotografía guardan una historia.









