Selva del asfalto

*En pleno Centro Histórico de la ciudad de Puebla, habitan víboras, lagartos, tortugas, sapos, halcones y hasta un cocodrilo

Óscar Sánchez

Puebla, Pue.- En la selva del aslfalto, en el corazón de la Ciudad de Puebla, reptiles, anfibios y arácnidos se pasean tranquilos. Incluso, un cocodrilo habita la capital.

En un inmueble color amarillo, con una inmensa rana colgada, las víboras, lagartos, tortugas, sapos y halcones viven plácidamente.

Frente a la iglesia de San Jerónimo, el Museo Viviente Puebla, un museo nada común, en cuya entrada dos perros pastor alemán, un con pelaje negro y otro de color marrón, son los guardianes del lugar.

A una cuadra del emblemático Callejón de Los Sapos, uno se encuentra con imponentes serpientes cascabeles, de las más de 70 especies entre reptiles, anfibios y arácnidos que habitan el museo.

Luego de dejarse encantar por los movimientos seductores, los colores brillantes y abandonar prejuicios sobre el  peligro que representan las serpientes, el trayecto  lleva a la víbora de Gabón, con los colmillos más grandes del mundo.

La siguiente parada será donde habita el cocodrilo, un ejemplar decomisado por la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente del tráfico ilegal. Aún es muy joven.

El lugar pertenece a la Asociación de Reptiles y Anfibios A.C., que se encarga de la preservación de cada una de las especies  e incluso resguarda a las que salva la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

El trayecto continúa y la temperatura comienza a descender, gracias a la planeación de museografía. Los reptiles necesitan la ambientación, pero también funciona para crear expectativa, pues las luces van cambiando en las diez salas. Más  víboras, lagartos, inmensas tortugas y un sapo están en la galería.

El camino no es lineal, tiene forma de serpiente y no solo es viviente por las especies que lo habitan, sino también porque en cada paso, un guía especializado otorga atención y despeja las dudas de todo aquel que desee profundizar sobre los reptiles.

Además, se brindan cursos, talleres y hasta diplomados con especialistas del Instituto Veterinario y de Ecología, para aquellos que deseen conocer cómo tratar y cuidar a los reptiles y anfibios, las especies que en ocasiones se cree que son hostiles.

La siguiente exposición está alumbrada por luz ultravioleta y esto permite ver el exoesqueleto verde fosforescente de un escorpión. La guía afirma que todos los ejemplares poseen esta extraordinaria capacidad.

En ese mismo lugar están los ajolotes negros, para muchos motivo de orgullo mexicano, pues son una especie endémica y en peligro de extinción que ha sido retratada hasta en películas animadas.

El camino ahora asciende a través de unas escaleras que lleva a los invitados directamente a una falsa coralillo, la cual usa ese aspecto para alejar las posibles amenazas aunque no es venenosa.

El recorrido continúa hasta llegar al área de las tarántulas. Todas tienen veneno, aunque algunas en menor cantidad, explica la guía. Las dos más temidas son la viuda negra y la violinista, las cuales con una sola mordida pueden tomar la vida de su presa.

Son pequeñas, pero letales. Todos los antídotos para contrarrestar los efectos de su agresividad se encuentran en el museo y cada colaborador está capacitado para atender una situación de emergencia con estas especies. En muchas ocasiones, los hospitales envían a sus pacientes hasta sus instalaciones para tratarlos.

La última parada es conocer al halcón, otra especie rescatada en un decomiso de hace 10 años, casi cuando el museo abrió sus puertas. Es una hembra muy apegada a un cuidador, se le entrena para aceptar a todos los miembros del equipo, que suelen ser estudiantes de las carreras de Veterinaria y Biología de las diversas instituciones.

 

Compartir: