Boulevard Horacio de Polanco: ¡estás en Bruselas!

Aníbal Santiago

Ciudad de México (CDMX).- ¡Atención! El Boulevard Horacio causa perturbación a los ojos: sus verdes son tan explosivos, húmedos, centelleantes y diversos que la pupila, pasmada, tarda en reaccionar. Quizá porque este paseo sabe que con su hermosura infiltra raras sensaciones en el cuerpo (empezando por la mirada), en su entrada un antiguo anuncio de azulejos es un calmante: “LOS JARDINES: REPOSO DE LOS ANCIANOS Y ALEGRÍA DE LOS NIÑOS. CONSERVADLOS”.

Así dice: “Conservadlos”. ¿En México y en 2024 quién habla como Don Quijote montado en su caballo Rocinante en medio de un llano encantado? Acá una teoría. Cuando este parque lineal se creó, hace cerca de un siglo, lo gozaban pudientes comerciantes españoles de sombrero y bastón que así hablaban. Hoy, Polanco sigue siendo la colonia adorada de los foráneos -japoneses, alemanes, belgas- que pasean sintiéndose sobre floridos jardines de Missouri, Okayama o Bruselas.

Aunque no veas a Rocinante ni a ningún caballo, en el paseo arbolado de la ancha avenida cabalgan otros animales, muy modernos: scooters con pantalla LCD, livianísimas bicicletas de bambú y carriolas que más que carriolas son un Fórmula 1: suspensión para absorción de baches, frenos digitales y manillar con cambio de modo paseo a modo jogger si buscas que tu bebé con biberón experimente altas velocidades aunque se le atore del susto la leche Nido.

Salvo que vivas en estas cuadras en una casona californiana o en un edificio inteligente con gym y jacuzzi, es probable que el bolsillo no dé para pasear al crío con tanta opulencia. No importa; sin desembolsar caminarás en la impecable alameda de cipreses cortaviento, la misma especie que hace 150 años custodiaba este camino férreo. Si volteas abajo verás adoquines, pero lo que pisan tus suelas era en tiempos de Don Porfirio el terraplén que sostenía las vías por donde pasaba el Decauville, como se llamaba el enternecedor trenecito francés que transportaba la cosecha de la Hacienda de San Juan de los Morales (lo que era esta tierra antes de ser Polanco).

Los cipreses de Horacio se paran derechitos, espigados y firmes (nada de árboles mugrosos e indigentes de ramas enredadas, ni que estuvieras en Pantitlán). Si los árboles de este boulevard fuesen personas, serían guardias reales ingleses, esos que con bayonetas y enormes sombreros de piel de oso vigilan -sin sonreír, mover una ceja ni respirar- el paso del insufrible rey Carlos III.

Al verde del boulevard lo sobresaltan las naranjas flores Aves del Paraíso, las Palmas Blancas y el agua cristalina que salpican fuentes de viejísimos mosaicos. Y algo muy raro, este edén chilango de calles con nombre de filósofos, científicos, escritores (Aristóteles, Galileo, Eugenio Sue), es tan poco chilango que asistirás a un desfile de perros que avanzan guiados por sus cuidadores a sueldo. No esperes ver los heroicos perros de raza Eléctrica (hijos de macho corriente y hembra corriente) nativos de Chimalhuacán. Aquí sorprenden razas que ni siquiera has oído: Basenji, Lagotto Romagnolo, Affenpinscher. Son perros tan aristócratas, educados y distinguidos que por ningún motivo ladran (respetan el exquisito silencio); solo espían respetuosos a los demás perros, hacen ademanes corteses a los visitantes y saludan de mano a los jardineros. Por cierto, todos los jardineros riegan uniformados de turquesa (hasta en eso se propaga en Polanco la armonía).

El que observe lo que hay a su alrededor puede sentirse extranjero en su propio país: si te cayeras y rompieras una pata podrías visitar el hospital hebreo Chevra Hatzalah. Si quisieras comprar un mueble te queda al lado la Casa Italia de interiorismo europeo y, si anduvieras de antojo, a unos pasos te queda Les Divins, para que pruebes un francés quiché lorraine. Pero como hacer algo de eso implica que se nos vaya sin remedio el presupuesto para los próximos cinco años, si quieres recordar que estás en México a la altura del Parque América tienes dos opciones. Una, comprar una piñata tradicional de estrella en un puesto en pleno andador, o bien resguardarte en la sombra del puestito de productos oaxaqueños: puedes llevarte quesillo para quecas, mole, requesón, cecina. Y también chapulines para botanear, para que deambules en señoriales jardines con aires de Viena sin dejar de paladear a México.

Pero si lo tuyo-lo tuyo-lo tuyo es Polanco, y aquí te quieres instalar, lee el anuncio pegado a un poste del boulevard (ver foto): “For Rent (Furnished penthouse in Polanco) 340 m2 $75,000”.

Sí, bienvenido al barrio. Leíste bien: 75 mil. Vivir en Europa, cuesta.

 

 

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