De sonidos humanos y litúrgicos

*En la celestial Catedral de la Ciudad de Puebla, escuchar el órgano de tres mil tubos fundidos en Alemania, conocido coloquialmente como “Internacional”, es capturar el tiempo y sus sonidos

Anselmo Betancourt

Puebla, Pue.-  El sonido se transmite a través del aire. Es una suerte de agitación de ondas que están determinadas por el espacio, la temperatura y la humedad. Pero lo que transmiten esas ondas es punto y aparte: las resonancias que logra transmitir esa música y lo que agitan, realmente, es el espíritu humano.

Cuando un visitante entra a la Catedral de Puebla está ya en otro sitio fuera de este mundo, pero si lleva en suerte escuchar el órgano, ese mundo está ya dentro de usted y jamás podrá olvidarlo.

Escuchar el órgano que sigue en funcionamiento, y que se conoce coloquialmentemente como “Internacional”, es una experiencia que ningún visitante de la imperial Puebla de Los Ángeles debería perderse.

Se le ha dado en llamar “Internacional” porque tres naciones participaron en su construcción en la década de los cincuenta. La parte eléctrica de los cuatro teclados fue fabricada en Estados Unidos, los más de tres mil tubos fueron fundidos en Alemania y toda la orfebrería de madera de cedro para el ensamblaje, y la decoración con hojas de oro, fue realizada en nuestro país.

Si alguien se acercara a ver cada detalle de este monumento sonoro podría darse cuenta de que los tubos van desdes un centímetro de altura hasta los doce metros. Toda esta maravilla acústica fue terminada de ensamblar en 1958 y se puede escuchar hasta el día de hoy.

Es lástima que los otros dos órganos, los más antiguos, hayan dejado de funcionar. Los dos fueron construidos en el siglo XVIII, entre 1710 y 1719; y el segundo en 1739. La falta de mantenimiento hizo que hacia finales del siglo XIX dejaran de emitir sonido alguno. Ahora sólo están como dos titanes mudos, formando parte ornamental de un escenario litúrgico y cultural que, al paso de los años, es uno de los emblemas más hermosos de la ciudad.

Ese órgano ha tocado la música del mundo, la música del espíritu humano, la música que crea la comunión entre lo terreno y lo divino. Es un lugar comun decir que cuando Dios creó el mundo estaba escuchando la Misa en Si Bemol de Bach. Pero no por lugar común menos cierto.

La correspondencia que existe entre la creación humana y la creación divina ha acompañado al hombre desde que es hombre. Desde la era primitiva, el ser humano ha querido igualar la magnificencia divina. Ha construido catedrales para alcanzar a hacer una montaña. Ha inventado instrumentos para poder recrear los sonidos de la naturaleza. Ha hecho pinturas hermosas que logren capturar la maravilla de un paisaje o un rostro. Ha creado música sublime para poder escuchar los sonidos de las esferas del espacio adentro de sus oídos.

Nada permanece, lo sabemos. Todo es efímero, pero en la Catedral de Puebla de Los Ángeles se ha logrado capturar el tiempo y sus sonidos.

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