Del natural de W. G. Sebald

*Sebald nos lleva con Del natural por un poema largo que borda en la historia intelectual de Alemania. Los personajes son un pretexto para ver el transcurrir de una nación y un continente.

Rodolfo Mendoza

Winfried Georg Sebald nació en Wertach, Alemania en 1944 y murió en un accidente automovilístico en 2001, justo cuando su nombre era ya referencia obligada de la literatura contemporánea. W. G. Sebald —como siempre firmaba— o Max Sebald —como era conocido en Norwich, Inglaterra— fue un escritor tardío: en 1990 publicó Vértigo, en 1996 Los emigrados, en 2000 Los anillos de Saturno y en 2002 Austerlitz, una de las más renombradas obras de la literatura actual. De los libros que se han publicado después de la muerte de este autor alemán avecindado en Inglaterra destacan: Sobre la historia natural de la destrucción y Del natural.

Sobre la historia natural de la destrucción es una obra que de alguna manera está emparentada con la de otro alemán célebre: A paso de cangrejo de Günter Grass. En ambas obras se reflexiona la historia alemana después de la Segunda Guerra Mundial. Sebald nos cuenta el bombardeo que realizaron los aliados sobre Alemania después de que esta se había rendido. Se habla de la destrucción, sí, pero de la destrucción moral y ética que, por lo visto, es parte natural del hombre.

Del Natural, por otro lado, es una obra escrita en verso y dividida en tres partes. Fue en realidad el primer libro publicado por Sebald (en 1988), pero pasó desapercibido por crítica y lectores.

El tema del libro, o uno de los temas, es la relación del hombre con la naturaleza: “Porque la naturaleza no conoce el equilibrio, / sino que ciegamente hace un caótico / experimento tras otro / y como un aficionado insensato, / deshace lo que acaba de lograr”. Y a través del tríptico que es Del natural, Sebald se vale de la vida de tres personajes: el primero es el pintor Matthias Grünewald, autor de una obra pictórica extraña, obscura, de pestes y tragedias cotidianas como la pobreza de los campesinos o los eclipses que eran vistos en el renacimiento como obra casi vengadora o premonitoria de la naturaleza. El segundo es G. W. Seller, botánico que acompañó a Vitus Behring en una expedición a Rusia. El tercero es, por muchas razones autobiográficas, el propio Sebald, pero no el Sebald escritor, sino el hombre alemán que vivió la postguerra y el exilio, el hombre que conoce los paisajes geográficos y humanos de la Europa de la segunda mitad del siglo XX.

Sebald nos lleva con Del natural por un poema largo que borda en la historia intelectual de Alemania. Los personajes son un pretexto para ver el transcurrir de una nación y un continente. Para quienes sean lectores de Sebald sabrán que, desde la publicación de Vértigo, la manera de narrar de este autor es muy gráfica, y no sólo literariamente gráfica, sino que la inclusión de todo un archivo iconográfico es un apoyo sustancial en la obra de Sebald.

Si en Los emigrados Sebald daba un repaso al perenne exilio de los judíos, si en Los anillos de Saturno vemos un profundo recorrido por Inglaterra, en Del natural el recorrido es por la historia de un hombre que es, a la manera borgeana, todos los hombres.

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